Berlín, Berlín

Berlín es complejo. La densidad de información en sus fachadas y sus calles es abrumadoramente histórica. Cualquier calle del centro es un palimsesto, una cartografía de microhistorias concentradas que explican varios de los grandes relatos del siglo XX. Berlín, la New York de este lado del Atlántico, la capital de la potencia económica europea y la mayor ciudad de población turca fuera de Turquía.

Wim Wenders en el Cielo sobre Berlín ejemplifica bien esta presencia del pasado, estas capas de memoria que solo en los días soleados parece amainar.

En 1999, en el décimo aniversario de la caída del muro hice esta pequeña serie, Berlin Story, sobre la memoria de la ciudad.

Berlín _ Pablo Cousinou

Berlín 1999-2014 Pablo Cousinou

El pasado mes de noviembre se cumplió el 25 aniversario de la caída del muro y pude regresar brevemente a la ciudad. Berlín es distinto, su política también, y en consecuencia lo que sus calles dicen: el muro físico, ya superado, se ha reconvertido aprovechando la estela del gran relato de liberación en un muro invisible del poder económico y su lógica segregacionista como suele ocurrir en cualquier gran ciudad moderna reurbanizada. La llegada de intereses de inversión conlleva la implantación acelerada de procesos de gentrificación, exclusión y desmemoria.

La balanza entre humanidad y estructura se hace patente cruzando la ciudad.

Bajo determinados edificios de la neurálgica Postdamer Platz, junto a la mítica Puerta de Brandemburgo, uno se siente como si acabara de alunizar, pequeño, muy pequeño, ante lo incontestable de las grandes estructuras y del capital que estas parecen rezumar.

Pero hay otro Berlín o, mejor dicho, otros Berlines humanos, muy humanos, extraordinariamente vitales, que tienen que ver con lo colectivo, con la conciencia participativa, con la contestación constructiva que siguen siendo el alma de esta ciudad fascinante. Y se me antoja una raíz común entre comunidad y comodidad, es incómoda la estructura del capital cuando es ostentosa, cuando pierde la escala, cuando se hace inhumana. El urbanismo y las construcciones fascistas ahí están para recordárnoslo. La ciudad, nuestro paraíso diseñado de la contemporaneidad, necesita abrirse a los diálogos de consenso, sin ciudadanía no hay ciudad posible.

© Pablo Cousinou

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